En la década de 2000, España experimentó un auge económico sin precedentes, que se tradujo en una inversión masiva en infraestructuras, incluyendo aeródromos de gran magnitud. Sin embargo, la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera que estalló en 2008 dejaron al país con una serie de aeropuertos sin destinos, que han generado un gran costo para los contribuyentes y un debate sobre la validez de tales proyectos.
Entre los ejemplos más destacados de estos aeropuertos sin destinos se encuentran el aeropuerto de Ciudad Real, que fue inaugurado en 2009 y cerrado en 2012 debido a la falta de tráfico aéreo, y el aeropuerto de Castellón, que sigue sin recibir vuelos regulares pese a haber sido inaugurado en 2011.
La construcción de estos aeropuertos fue motivada en parte por la ambición política y la búsqueda de reconocimiento. En algunos casos, se trató de crear un símbolo de progreso y modernidad en regiones que necesitaban un impulso económico. Sin embargo, la falta de planificación y estudio de mercado llevó a la creación de infraestructuras que no respondían a las necesidades reales de la demanda.
El caso de los aeropuertos sin destinos en España es un ejemplo de cómo la ambición política y la falta de planificación pueden llevar a la creación de infraestructuras innecesarias y costosas. Es importante que se aprendan las lecciones de estos proyectos y se realicen estudios de mercado y análisis de viabilidad antes de iniciar cualquier proyecto de infraestructura en el futuro.