La humanidad ha logrado grandes proezas a lo largo de la historia. Desde las pirámides de Egipto hasta la misión Apolo 11 que llegó a la Luna, hemos demostrado nuestra capacidad para alcanzar metas que parecían imposibles. Sin embargo, en medio de toda esta grandiosidad y logros materiales, existe algo que supera a todos: la santidad.
La santidad no se trata de construir estructuras imponentes o de alcanzar metas terrenales. Se refiere a la búsqueda de la perfección espiritual y moral. Es el estado de ser que se logra cuando se vive de acuerdo con los principios éticos y morales más elevados, y se es capaz de amar y servir a los demás desinteresadamente.
La santidad es el objetivo supremo de cualquier ser humano que busque encontrar su sitio en el mundo y dar sentido a su vida. No se trata de una meta fácil de alcanzar, sino que requiere dedicación, disciplina y esfuerzo constante. Sin embargo, es la única manera de encontrar la verdadera felicidad y la plenitud en la vida.
En un mundo que constantemente nos recuerda sobre la importancia de la riqueza material y la fama, es fácil perder de vista lo que realmente importa. Pero es en los momentos de reflexión y contemplación cuando podemos darnos cuenta de que la verdadera grandeza no se mide por la riqueza o el poder, sino por la bondad, la compasión y la santidad.
Así que, en lugar de buscar la gloria en los logros materiales, busquemos la perfección en nuestra espiritualidad y en nuestra relación con los demás. Busquemos la santidad como objetivo supremo de nuestra vida, y veremos que la verdadera grandeza reside en la humildad, la generosidad y el amor.