A algunos, los vehículos les llegan a destiempo, como al velocista Enrique Figuerola, subcampeón olímpico en los Juegos de Tokio 64, ya con 86 años, así como al retirado entrenador de boxeo Sarbelio Fuentes (85), edades en las que es harto difícil aprender a manejar.
La iniciativa de otorgar autos a estos deportistas de élite es un gesto que busca reconocer sus logros y aportes al deporte cubano, pero en algunos casos, la edad avanzada de los ganadores plantea desafíos prácticos.
Enrique Figuerola, por ejemplo, es un atleta legendario que demostró su velocidad y habilidad en la pista durante su carrera, pero ahora, a sus 86 años, enfrenta el desafío de adaptarse a un nuevo vehículo en una etapa de su vida en la que la movilidad y la agilidad pueden ser limitadas.
De manera similar, Sarbelio Fuentes, el reconocido entrenador de boxeo, también se enfrenta a los desafíos del envejecimiento, con 85 años, lo que puede complicar el proceso de aprender a manejar un auto nuevo.
A pesar de estos desafíos, el gesto de otorgar autos a estos deportistas es un reconocimiento a su dedicación y logros en el mundo del deporte, y un recordatorio de la importancia de honrar y apoyar a aquellos que han contribuido significativamente a la riqueza cultural y deportiva de una nación.
En este contexto, es importante considerar no solo el aspecto simbólico de este reconocimiento, sino también las implicaciones prácticas para los deportistas que lo reciben, y explorar formas en que la comunidad puede apoyar a estos atletas legendarios en esta etapa de sus vidas.