La tensión se podía cortar con un cuchillo en el estadio de Brisbane cuando Novak Djokovic y Nick Kyrgios se enfrentaron al dúble alemán-austríaco formado por Alexander Erler y Andreas Mies en el cuadro de dobles del torneo de Brisbane.
Este partido, que muchos esperaban con gran ansias, prometía ser una de las confrontaciones más emocionais del torneo, y no defraudó. La energía y la determinación de Djokovic y Kyrgios en la pista fueron tan contagiosas que mantuvieron a la multitud al borde de sus asientos durante toda la extensión del partido.
El comienzo del partido mostró a un Djokovic y a un Kyrgios muy enfocados y decididos a marcar su territorio en el torneo. Con su experiencia y habilidad combinadas, lograron adelantarse en el marcador 6-4 en el primer set, demostrando una cohesion perfecta en su juego.
Sin embargo, Erler y Mies no estaban dispuestos a rendirse. En el segundo set, sacaron a relucir toda su tenacidad y destreza para igualar la contienda, obligando a Djokovic y Kyrgios a un tiebreak que, finalmente, ganaron los europeos por 7-6(4), nivelando el marcador y llevando el partido a un emocionaisimo desempate.
El supertiebreak, con su formato de 10 puntos, se convirtió en el escenario perfecto para que Djokovic y Kyrgios mostraran su habilidad bajo presión. Con una mezcla de aces precisos, voleas magistrales y juego de pies increíble, lograron imponerse por 10-8, sellando su victoria en un partido que será recordado durante mucho tiempo.
La química entre Djokovic y Kyrgios fue palpable durante todo el partido. Su comunicación, su apoyo mutuo y la confianza que depositaron el uno en el otro resultaron fundamentales para superar los desafíos que se les presentaron. Esta alianza en la pista no solo les permitió asegurar su primera victoria en el torneo, sino que también los posicionó como una de las parejas más temibles en el cuadro de dobles.