Grecia sigue batiendo récords de ocupación, con millones de turistas que llegan cada año a disfrutar del sol y la playa, la historia y la cultura del paı́s. Sin embargo, detrás de este auge turístico, se esconde una realidad que preocupa a muchos ciudadanos griegos: un modelo que aporta más problemas que beneficios.
A medida que las masas de turistas invaden las calles de Atenas y las islas griegas, los precios de los alquileres y los productos básicos aumentan, lo que hace que la vida sea cada vez más difícil para los residentes. Los barrios tradicionales se transforman en zonas turísticas, y los locales se ven desplazados por los precios exorbitantes de los alquileres.
Además, la sobrecarga de turistas está poniendo en peligro la infraestructura del paı́s. Los servicios públicos, como el transporte y la gestión de residuos, están al límite de su capacidad. Los caminos y las playas se congestionan, y los monumentos históricos se deterioran debido a la falta de mantenimiento.
Mientras tanto, la economía griega depende cada vez más del turismo, lo que hace que el paı́s sea vulnerable a cambios en la demanda turística. Los políticos griegos se preguntan si es sostenible un modelo que genera tantos problemas y si es hora de diversificar la economía para evitar una crisis.
En medio de esta situación, los ciudadanos griegos se preguntan si merece la pena mantener un modelo que parece más una maldición que una bendición. ¿Es hora de replantear el turismo en Grecia y buscar un equilibrio entre la economía y la calidad de vida de los residentes? La respuesta es compleja, pero una cosa es segura: algo tiene que cambiar para que Grecia pueda seguir siendo un lugar donde vivir y visitar con orgullo.