La isla de Taiwán se encuentra en medio de una situación sin precedentes: una invasión de iguanas a gran escala. Estos reptiles, originarios de América Central y del Sur, se han convertido en una plaga para la isla, causando daños significativos a la infraestructura y el ecosistema local.
Ante esta situación, el gobierno de Taipeí ha decidido tomar medidas drásticas para controlar la población de iguanas. Se ha establecido un programa de captura y eliminación de estas especies, con el objetivo de cazarpasar 120.000 ejemplares este año.
Para incentivar la participación de la población, el gobierno ha aumentado la recompensa por cada iguana adulta capturada. Ahora, los voluntarios pueden recibir hasta 800 dólares taiwaneses (24 euros) por cada ejemplar capturado, lo que supone un aumento significativo con respecto a los 500 dólares taiwaneses (15 euros) que se ofrecían anteriormente.
La formación de voluntarios es una parte clave del plan del gobierno. Se están organizando talleres y sesiones de capacitación para enseñar a los participantes cómo capturar y manipular a estas especies de manera segura y eficaz.
La invasión de iguanas en Taiwán es un ejemplo de cómo las especies no nativas pueden causar daños irreparables a los ecosistemas locales. La introducción de estas especies puede alterar el delicado equilibrio del medio ambiente, llevando a la extinción de especies nativas y la degradación de la biodiversidad.
El gobierno de Taiwán espera que, con la ayuda de los voluntarios y el aumento de la recompensa, pueda controlar la población de iguanas y mitigar los daños que han causado. Sin embargo, es importante destacar que la erradicación de estas especies no nativas es un proceso complejo y que requiere un esfuerzo sostenido y coordinado.