Caer, para volver a levantarse. Es la filosofía que debe adoptar un Girona que no mereció caer así ante el Feyenoord. Si el desenlace en París fue cruel, en Montilivi fue injusto. Injusto porque el equipo salió bien plantado al partido, concentrado y con las ideas muy claras.
Se avanzó meritoriamente en el marcador por medio de David Loópez, pero la lesión de Viktor Tsygankov abrió la veda a todo lo que se vendría después.
No hay que olvidar que el equipo había comenzado con buen pie, con una actitud agresiva y ofensiva que tenía al Feyenoord contra las cuerdas. Sin embargo, la suerte y algunas decisiones arbitrales no ayudaron a que el resultado fuera diferente.
La lesión de Viktor Tsygankov fue un golpe duro para el equipo, que se vio obligado a reorganizar su estrategia y a adaptarse a las circunstancias. Aunque se esforzaron por mantener el ritmo y la intensidad, no pudieron evitar que el Feyenoord encontrara la forma de igualar el marcador y, posteriormente, de ganar el partido.
Ahora, el Girona se enfrenta a una prueba de fuego. Deben levantarse de las cenizas y encontrar la forma de superar este obstáculo. La actitud y la determinación son clave en momentos como estos, y el equipo debe aprovechar esta oportunidad para demostrar su carácter y su capacidad para superar los obstáculos.
No es el final del mundo, pero es un golpe duro que requiere una respuesta duradera. El Girona debe aprender de sus errores y encontrar la forma de mejorar en el futuro. La clave está en la actitud y en la capacidad para adaptarse a las circunstancias. Solo el tiempo dirá si el Girona puede superar este obstáculo y seguir adelante con fuerza y determinación.