El 27 de mayo de 1995, la vida de Christopher Reeve, el icónico Superman de la gran pantalla, dio un vuelco total cuando sufrió un accidente devastador durante una prueba de obstáculos a caballo. La ironía del destino es que el actor tenía alergia a los equinos, pero en 1984 había aprendido a montar a caballo por obligación durante el rodaje de una adaptación televisiva de Anna Karenina. A partir de ese momento, la equitación se convirtió en una parte fundamental de su vida, hasta que el fatídico accidente cambió todo.
La lesión que sufrió en la médula espinal pudo haberle provocado la muerte instantánea de haberse producido apenas un centímetro más a la izquierda. O simplemente un golpe si hubiera sido un centímetro a la derecha. Afortunadamente, se salvó, pero el coste fue muy alto: quedó tetrapléjico y con respiración asistida, sin movilidad desde los hombros hasta los pies.
El accidente no solo cambió la vida de Christopher Reeve, sino que también transformó su perspectiva sobre la vida y la muerte. A pesar de la adversidad, el actor encontró la fuerza para seguir adelante y luchar por su recuperación. Su historia es un testimonio de la resiliencia humana y de la importancia de nunca rendirse ante la adversidad.