El pasado déjà vu en Roland Garros parece repetirse en Shanghai, y lógicamente, esto no será la última vez que suceda. La lluvia, el enemigo número uno del tenis a nivel mundial, ha vuelto a hacer acto de presencia en el octavo Masters 1.000 del año dejando su huella digital en la ciudad china.
La ciudad de Shanghái, caracterizada por su modernidad y sofisticación, se ha convertido en escenario de una historia propia del siglo pasado. El torneo ha sido puesto patas arriba, con el calendario completamente desestructurado debido a las inclemencias del tiempo.
La lluvia intensa no solo ha obligado a suspender partidos, sino que también ha llevado a que algunos de ellos deban jugarse sin la presencia del público en las gradas. Los jugadores han tenido que adaptarse a un escenario surrealista, en el que la ausencia de espectadores ha generado un ambiente extraño y desafiante.
Para colmo, algunas de las pistas de tenis han sido afectadas de tal manera que los marcadores electrónicos no funcionan correctamente, lo que ha llevado a que los marcadores se realicen de manera manual. Esto ha añadido un toque de desorganización y caos al torneo.
La lluvia parece ser un tema recurrente en el mundo del tenis, y Shanghái no es una excepción. Aunque la ciudad cuenta con tecnología avanzada y infraestructuras modernas, la naturaleza sigue siendo un desafío difícil de superar.
A medida que el torneo avanza, los jugadores y organizadores deben enfrentar los desafíos que plantea la lluvia y adaptarse a las circunstancias cambiantes. Solo el tiempo dirá cómo se desarrollará el resto del torneo y si la lluvia seguirá siendo la protagonista indeseada de este Masters 1.000 en Shanghái.